lunes, 11 de abril de 2016

*Estrella su cabeza en el teclado*

Hace poco me brindaron la oportunidad de poder escribir una columna de opinión para la revista Vice Colombia, mas exactamente en su rama Thump, encargada de la parte musical de este peculiar medio. Para aquellos que no saben, este portal es conocido por publicar artículos alternativos. Es decir, temas de los que ningun otro medio hablarían. Les recomiendo que lo busquen. Continuando con la historia; me di a la tarea de escribir. Y como si estuviera escribiendo para el blog, me bloquee. En fin terminé colocando varios temas y los dejé ahí.

Aunque intenté utilizar la técnica del remojo (dejar un escrito en “remojo”) las ansias de sentir que puedo estar en Vice no me dejan tranquilo y al otro día reviso el documento y escribo. Me decidí por escribir sobre los artistas locales de música electrónica y como algunos de ellos han logrado grandes éxitos en el exterior, sin ni siquiera saber que existen. 

Podría preguntar si alguno de ustedes conoce a Julio Victoria (puede que no, y no hay problema) o a Paula Garcés.  Y no sería ninguna sorpresa que asintieran con la cabeza dando una respuesta afirmativa, puesto que estos djs hacen parte del Line Up de los mejores clubes en Bogotá y en Colombia. Debo destacar que lo han luchado, y que han sabido “moverse” dentro del medio; esto es esencial para que un artista se dé a conocer.

Pero quise darle voz a esos productores colombianos que tienen mejor nombre en Alemania, Italia o Francia que en su tierra natal. “Uno no es profeta en su tierra”. Esto me genera cierta preocupación puesto que yo hago parte de esta escena y ver que la realidad es distinta a lo que uno aspira, golpea toda aspiración social, cultural y económica. Es recibir la sentencia de muerte al querer ser “alguien” en Colombia.

Yo siempre he considerado que una industrial musical sea del país que sea, llega a ser exitosa cuando ésta logra construir esos “cimientos” que se necesitan para ser una escena exitosa. Y en estos cimientos es vital la construcción de una identidad musical donde los talentos nacionales construyen culturalmente esta idea. Porque una industria musical va mas allá de cuántos o qué artistas han venido. Creo que deberíamos pensar qué tantos ha exportado Colombia.

Baso mi argumentación en un ejemplo claro que coloqué en esta columna:

El éxito del rock argentino se remonta a los años ochenta, donde coyunturalmente Argentina vivía la guerra de las Malvinas y la dictadura Peronista; todo esto llevó a que se dejara a un lado a Cream, Sex Pistols y otras bandas británicas para empezar a cocinar la época dorada del Rock gaucho, y que todos esos esfuerzos que se venían trabajando desde los sesentas, se pudieran consolidar. Argentina nos dio sopa y seco a toda Latinoamérica. Eso precisamente es lo que nos falta”.

Siento mucho tener que hablar de un tema que quizás a muchos de ustedes no les llame la atención, pero sé que hay muchas personas que piensan a voz discreta lo que planteo en mi columna y en esta entrada. Esta situación no solo se centra en el genero electrónico: muchas polémicas han generado festivales como Rock al Parque donde ciertos círculos importantes del medio, hacen parte constantemente de esos Line Ups.

Lo más cómico de este derroche de tema, es que en la primera revisión que me hizo mi amiga editora de Vice, el único feedback que pude recibir fue: “Esto no es para una materia de la Universidad. De entrada hablas formal y eso no sirve en Vice”. Al parece me he convertido en un escritor tan formal que no encajo en la filosofía juvenil de un medio como Vice. 

Desde ese instante me he matado la cabeza tratando de modificar palabra por palabra la columna que escribí, con la esperanza de que me den una segunda oportunidad y que quizás me publiquen.